El Yoga: la sensación de los movimientos de la mente

El amigo, jazzista y excelente triatleta Raúl Abzueta, nos envía desde Caracas otro interesante artículo relacionado con el bienestar del cuerpo y la mente. ¡Disfrútenlo!

EL Yoga: la sensación de los movimientos de la mente

Puedo comenzar con una frase contundente: el yoga es la fuente de la eterna juventud. Si usted es un incrédulo como yo, siga leyendo. Igual, “todos vamos para viejo” y todavía no han descubierto un elixir, por lo que ya sabrá que ésta es una afirmación relativa. Lo que quiero decir con esa frase, que he repetido innumerables veces, es que conozco en carne propia cómo el yoga evita el deterioro de mi cuerpo y, en consecuencia, me mantiene joven.

Los yogis, practicantes de yoga, serios no se preocupan por estas cosas. Pero yo, como soy un yogi relajado, puedo decirlo: respirar mejor, unir flexibilidad y fuerza y desarrollar la concentración nos hace conocer mejor nuestro cuerpo y uno de los resultados es que envejecemos con mayor dignidad.

Comencé a practicarlo hace unos ocho años, más o menos, como una alternativa a la carga de entrenamiento del triatlón. Ese deporte está basado sobre todo en el desarrollo de la fuerza y la resistencia y yo necesitaba ser más flexible para evitar las lesiones y porque a menudo tenía fuertes dolores de espalda causados por el largo tiempo entrenando en la bicicleta y el impacto de correr.

Así que convencí a un instructor amigo, armé un grupo de triatletas y comenzamos a praticar dos veces a la semana en la UCV y el efecto fue instantáneo. A pesar de lo tiesos que estábamos, poco a poco, fuimos entendiendo de qué iba la cosa. Nos hicimos más flexibles, aprendimos a respirar y comenzamos a correr más sueltos y a sentirnos mejor.

Como nada dura para siempre, el grupo se disolvió y quedé literalmente huérfano. Había estado cerca del asunto, pero todavía sabía muy poco como para hacerlo solo.

Entre una cosa y otra, pasó el tiempo y no conseguía lugar para continuar mi práctica de yoga, hasta que llegue a Soham, en Paseo Las Mercedes. Puedo decir que allí se afianzó mi idea: el yoga debía formar parte de mi vida tanto como fuera posible.

Comenzé a practicar tres veces a la semana y sentí el cambio. Debería hacerse a diario, pero tres veces es una frecuencia que permite adecuar el cuerpo a las exigencias del yoga y es lo suficientemente regular como para que éste vaya entendiendo. Y, cuando ya le había agarrado el ritmo a la cosa, mi instructor se fue a Nueva York y me volví a quedar huérfano. Me explico: uno no es amigo de su profesor de yoga, pero si eres un alumno regular se establece una cierta intimidad, una confianza, te acostumbras a una dinámica.

Si él, o ella, es bueno, lo cual es básico, me atrevo a hablar de dependencia. En realidad quieres hacer ESA clase con ESE profesor. Pero resulta que los yogis serios siempre se quieren ir a la India, o a Nueva York o tienen un novio en Canadá. Es decir, que cuando te encariñas, zuás, te suelta una mañana: hoy es mi última clase porque mañana me voy por un año a estudiar con perencejo. Y tú quedas allí, con cara de ponchao, pensando en quien será tu proximo instructor y sintiendote un poco rídiculo ya que en el fondo no lo conoces más alla de las clases, pero sientes que has perdido algo significativo.

En este punto debo aventurar una definición: el yoga es una disciplina milenaria con un contenido espiritual importante, con diferentes escuelas y tendencias, cuyo objetivo es buscar la armonía entre el cuerpo y la mente. Mediante la práctica de los asanas, o posturas, y el manejo de la respiración, el cuerpo y la mente se fortalecen.

Es importante señalar que el conocimiento profundo del yoga implica años de estudio y de práctica y supone una filosofía de vida. A pesar de ello, muchos occidentales, como yo, logramos de a poco vincularnos con su práctica y obtener los beneficios que se derivan de ella, aunque no accedamos a las complejidades de su teoría.

Cuando me quedé huérfano por segunda vez no sabía nada de esto, allí fue cuando me atrapo el Ashtanga Yoga. Bernardino Machado venía regresando de la India y ofrecía un taller de Ashtanga con una oferta muy seductora para mí: el dominio de una serie establecida de asanas que una vez aprendida uno podía realizar por su cuenta.

¡Esto es lo mío!, dije. La llave de mi independencia. Me aprendo ésto y resuelvo sólo. Con esta premisa en la cabeza me sumergí en el taller y fue una experiencia excepcional.
Me vincule de manera más profunda con la práctica y tuve acceso a información nueva, durante un año aproximadamente fui un devoto practicante de la serie primaria de Ashtanga, la cual está basada en el Yoga Korunta antiguo texto en sánscrito que se ha divulgado en occidente gracias a los maestros Sri Krishnamacharya y Sri K. Pattabhi Jois.
En el manuscrito se describían detalladamente las posturas, las formas de entrar y salir de las mismas, el total de movimientos y respiraciones requeridos para su completación e información sobre los bandhas, la dirección de la mirada y la respiración.
Bajo la guia de Bernardino comprendimos que esta serie es considerada “un procedimiento curativo de limpieza y tonificación de la mente y los sentidos, cuya acción terapéutica ocurre a través de los vehiculos sutiles de la práctica”. Los Asanas o posturas están organizados en una secuencia que permite alinear el cuerpo y fortalecer el sistema nervioso y deben ser practicados en estricto orden.
El ashtanga le dio sistematicidad y profundidad a mi práctica y cambio mi relación con el yoga. Sin embargo llego un momento en el que decidi bajar la intensidad de mi práctica, yo habia llegado al yoga como un complemento de mi entrenamiento para el triatlón y ahora me encontraba ante dos disciplinas igualmente demandantes y como suele suceder cuando nos pasamos de vuelta me lesione. La paradoja de los limites: cuando estas mas fuerte estas mas propenso a las lesiones y la sensación de potencia te juega malas pasadas. Un lunes que debia ser de descanso hice las 108 salutaciones al sol, el martes estaba en la mañana haciendo repeticiones en el parque y en la sesión de carrera del jueves me desgarre. Aprendi la lección dolorosa del sobreentrenamiento.

Ahora estoy en una tercera etapa, trato de hacerlo al menos dos veces a la semana en Yoga Pedregal bajo la guia de excelentes maestros, me lo tomo con mas calma, acepto mis limitaciones y lo he incorporado a mi manera de vivir.

Cerrando el circulo: el yoga nos hace más conscientes y humildes, nos hace mas fuertes y flexibles y es una práctica que nos puede acompañar durante mucho tiempo. Desde este recodo  se los recomiendo humilde y fervorosamente.

Es muy importante iniciarse en la práctica con instructores calificados y serios, e ir avanzando poco a poco con paciencia y disciplina. Les recomiendo algunos de los sitios que yo conozco  Yoga Pedregal en la Castellana, Yogashala en la Cuadra Gastronomica, Soham en las mercedes y San Luis, Sadhana Yoga en Alto Prado.

Además existen grupos regulares en el Parque del Este,en la  UCV,  y en el Centro de Arte la Estancia. Realize su investigación y animese.

Raúl Abzueta

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