Raúl Abzueta, caraqueño, músico de jazz (guitarrista), psicólogo social y triatleta, tuvo la generosisad de enviarnos un artículo donde cuenta su experiencia en el Triatlón L de Margarita, celebrado recientemente. Disputado en la distancia medio Ironman (1,9K de natación, 90K en bicicleta y 21,1K corriendo), el triatlón de Margarita es uno de las competencias más duras del circuito nacional, a causa de la inclemencia del ambiente: vientos cruzados, temperaturas superiores a los 40ºC y por el hecho de que la gente arranca a correr la media maratón alrededor del mediodía. Leanlo y nos darán sus impresiones. La imágenes fotográficas que ilustan este artículo nos muestran a Raúl en la 1era transición del Triatlón Fit4 Life en el Dique de Guataparo en Valencia; y a la premiación, recibiendo el trofeo al II lugar y acompañando a Luis Suárez (Didi), triunfador del evento.
LARGO
La palabra largo describe bien el Triatlón L. Esta prueba tiene lugar cada año en la isla de Margarita y más que un triatlón es una carrera de aventuras, un desafío extremo debido a las condiciones climáticas, la ruta en la que se realiza y la organización. Anteriormente se hacía el Reto del Caribe, nombre que sin lugar a dudas le hacía más justicia al espíritu necesario para afrontar este tipo de pruebas en ambientes como el que ofrece el estado Nueva Esparta.
La topografía se impone con unas condiciones claras: mucho viento en los 90 kilómetros de la bicicleta con cuestas que se coronan con viento de frente y de costado, y para la carrera un circuito de 7 km cuyas intensas subidas deben ser superadas seis veces cada una en las tres vueltas necesarias para completar los 21 km. El mar, siendo el más caprichoso, resulta de lo más benévolo. Aunque los nadadores menos experimentados lo resienten por la dificultad para entrar y salir del agua debido a los corales de la orilla que producen diversidad de cortes y fracturas en más de un atleta.
Pero el detalle más difícil es el hecho cierto y reiterado de que la largada siempre se hace más tarde de lo debido. En todos los lugares del mundo donde se realizan pruebas similares la partida se realiza con el alba para proteger a los atletas de las inclemencias del sol, el calor y el viento, que se intensifican a medida que avanza el día. El alba margariteña es a las 05:30 de la mañana.
Este año la partida no se dio a la hora ofrecida, 07:30 am sino a las 08:20, lo cual supuso un aumento considerable en la dureza del recorrido debido al aumento de la temperatura y el calor que en el tramo del trote alcanza para la mayoría una dificultad extrema.
Si se considera que los atletas toman en promedio entre 3 horas y media y 4 horas para cumplir la natación y la bicicleta, eso significa que buena parte de los participantes sale a correr entre las 12 y las 12:30 del día. Largos 21 kilómetros, interminables 21 km, dolorosos 21 km en los que la templanza y la dureza de espíritu han de hacerse presentes para no abandonar.
Este año las boyas no fueron colocadas a tiempo, lo que retrasó la salida e hizo que la distancia de la natación fuera menor a lo establecido, se redujo a 1.400 metros la distancia oficial del Medio Ironman: 1.900 m.
La mujer que tardó más en cubrir el recorrido lo hizo en 7 horas 50 minutos y su par masculino lo hizo en 7:43. Ella nadó en 36 minutos, él en 33, lo que significa que salieron a rodar cerca de las nueve de la mañana. Ella rodó en 4 horas, y él en 3:54, pero, y aquí viene lo bueno, ambos salieron a trotar alrededor de la una del día. Imaginen el calor, la humedad y la dureza bajo la que ambos corrieron en 3 horas, vale decir que terminaron cerca de las cuatro de la tarde. ¡Mis respetos para ambos! Sólo imaginar la dureza del trote me da escalofríos.
Se podría argumentar que son casos extremos, que atletas mejor preparados culminan en menos tiempo. Pero la mayor parte de quienes participan en el Triatlón L no son profesionales y la mayoría culminó después de las 2 de la tarde con un promedio de 5 horas 50 minutos. Vale decir: corrieron a pleno mediodía y con hidratación insuficiente para el calor de la isla. Esa es una realidad que la organización conoce desde la inscripción y por la tradición de la prueba.
En total se retiraron 20 personas, lo que bien puede estar vinculado a las dificultades asociadas al retraso en la largada. Realizar un triatlón implica un proceso complejo de preparación y un delicado equilibrio ha de obtenerse para el día de la carrera. Aplazar la salida incrementa las posibilidades de que ese frágil equilibrio se rompa.
El novelista y corredor japonés H. Murakami afirma que los triatletas, antes de salir, parecemos animales varados en una orilla esperando a que la marea cambie para hacernos al mar. Este año, en Margarita, éramos pingüinos presos en el trópico por una extraña ironía divina que nos obligaba a caminar en círculos con nuestra negra vestimenta a la espera del momento de partir.
Si la playa tiene corales y cada año alguien se fractura o rompe un pie, ¿por qué no tomar previsiones? Eso supondría la colocación de las boyas el día anterior, alfombrar la salida de la playa y organizar la salida por tandas, como es costumbre internacional. Pero, ¿cuán complicado puede ser conseguir unas alfombras? ¿Cuán complicado es preparar la logística de las boyas para salir a las 06:00 am? ¿Por qué se hace así en otros países? ¿Es un tema de dinero? Allí están las preguntas esperando por respuestas.
Hacer un triatlón implica un largo tiempo de preparación tanto por parte de los atletas como de los organizadores y todo ha de confluir el día de la carrera. Que un evento en nuestro país cuente con 10 años de existencia es un logro digno de aplaudir y celebro la persistencia de esta prueba a la cual he asistido en cuatro oportunidades.
Sin embargo, creo que es tiempo de crecer, no sólo en cuanto a número de participantes sino en cuanto al cumplimiento de estándares internacionales y en la demostración del compromiso práctico y no retórico con los atletas.
Este año, se establecieron estándares de comportamiento para los asistentes de carácter internacional. Lo aplaudimos, pero la exigencia a los atletas debe ser correspondida con la organización, logística, hidratación y respeto al atleta de nivel internacional.
Mi reclamo a los organizadores es no respetar la hora de salida de la prueba y haber sido incapaces históricamente de arrancarla más temprano. Es un error severo desde el punto de vista logístico, un irrespeto a la preparación de los atletas y un agravamiento innecesario en la dureza de la prueba.
El otro reclamo es no ser capaces de reconocer ese error y los de hidratación, que se presentan cada año, y resolverlos, así como negarse a aceptar ninguna clase de sugerencias o apoyo de las personas más cercanas a este deporte ni de familiares de los atletas, muy a pesar de las reiteradas ofertas.
Debo confesar que a pesar de estos problemas organizativos y de la prepotencia innecesaria de los organizadores, que se repiten desde que asistí por primera vez, continúo yendo por la presión de los amigos y el hecho cierto y penoso de que es la única prueba de este tipo en el país. Pero, si no se subsanan estos problemas, no creo que me anime a realizarlo nuevamente aunque mantengo el reto de bajar mi tiempo unos 10 minutos y finalizarlo en 5 horas.
Ojalá los organizadores del Triatlón L den un golpe de timón y nos sorprendan en 2011 con un triatlón nacional de calidad internacional para que el reto para los atletas sea meramente deportivo.
Raúl Abzueta






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