Troto por salud, por no subir los kilos que ganaría con la rica comida que prepara mi esposa. También troto para bajar mis tiempos en las carreras donde participo. Generalmente troto en las mañanas, antes de ir a trabajar. No es tan temprano, porque tengo que llevar a las niñas al colegio, pero como tengo la suerte de tener mi propio horario, troto algo más tarde, generalmente junto con mi esposa. No es tan temprano, pero aún es de mañana. Cuando voy por el parque le doy los buenos días a todo el que se atraviesa por el camino. Es una cuestión de educación que aprendí de niño. Hago lo mismo cuando entro a un ascensor lleno de gente, o a la panadería a comprar pan, es una manía, una costumbre, pues.
Muchísima gente me responde el saludo. Hay gente que corre o que camina por el parque casi todos los días, igual que uno, y, aunque no nos hemos presentado, se les saluda con gusto, son los compañeros del parque. Cuando uno tiene cierta confianza, después de unos cuantos “Buenos días”, uno incluye un “Cómo está?”. Si hay meses de “Buenos días” y es hombre, sustituimos el “Buenos Días” por “Epa”, “Kiubo?”, “Cómo está la vaina” o cualquier equivalente de mayor confianza. Si sabemos el nombre de la persona, es todavía mejor. “Buenos días Señora María”, “¿Qué pasó Gustavo?”. Es mucho más cordial, alimenta la buena energía.
Esto es cuando vemos a la persona en la primera vuelta al parque. Cuando estamos de regreso, probablemente veamos otra vez a la misma gente, en ese caso, decir “Buenos días”, no procede. Tal vez un movimiento de cabeza, o levantas la mano o el dedo índice mientras corres. Valen los comentarios positivos, como “Vas volando!”. Mucha gente te responde el saludo con mucho entusiasmo, especialmente señores mayores caminando con sus esposas. Tengo particular afecto por la gente del parque, los que cuidan el sitio donde hemos corrido tantos kilómetros; ellos siempre responden al saludo.
Hay gente que no saluda. Me gusta pensar que no lo hacen porque no escuchan cuando les doy los buenos días. O están preocupados por algo, no sé. Tal vez en su casa no les enseñaron a saludar a un desconocido, quien sabe. Los peores son los que van al parque y caminan o trotan con esos aparatitos de escuchar música en los oídos. No responden al saludo, ni saben quien pasa delante de ellos, ni se dan cuenta de las ardillas y las iguanas, o los pericos que se posan en los árboles. Caminan con su música. Creo que no saben lo que se pierden.
Troto por salud, pero también me gusta saludar a la gente que va al parque. Dicen los expertos que uno debe ir a un ritmo de trote tal que te permita hablar cómodamente. Si uno está trotando solo, una manera de hablar sin que crean que uno está loco es saludar a todo el que uno se encuentre. Ojala todos respondieran el saludo, tal vez tendríamos un país más educado, un mejor país.
Luciano Rivas





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